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Cinthia Espinosa Keys 100 Ultramarathon

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Keys 100 “Ni la piedra es tan pesada, ni tú eres tan débil”

Las 100 millas de Keys, tienen lugar en el estado de Florida, con un calor arriba de los 35 grados a la sombra, y una humedad de aproximadamente 80%. Es una carrera de punto a punto, que parte de un lugar llamado Key largo, y llega a Key West, es decir la milla 0 del estado.

El camino es completamente pavimentado, y aunque el desnivel no es representativo, a diferencia de otras carreras de ultradistancia, tampoco es plano. Sus puentes, que unen las islas, hacen interesante y retador que puedas mantener el paso.

Con el Golfo de México de un lado, y el océano Atlántico del otro, el recorrido es una verdadera belleza.

Los veleros, las gaviotas, la gente pescando, el tono turquesa del agua, el hielo que se deshacía en segundos en el rostro del calor, el apoyo de los niños, un atardecer de ensueño, las personas con las que compartí una nueva aventura, el cielo plagado de estrellas, toda la infraestructura para unir las islas, y ☝️declarar a la
mitad del camino que esta carrera era un grito de paz, de libertad, con corredores vestidos de blanco, a lo largo de la ruta. Son algunos de los highlights que rescato de esta carrera.

Era mi primera vez en un Ultra que fuera completamente de pavimento, mi meta, hacer debajo de 22 horas en ruta. El límite son 32.

Empieza la carrera, Ruben va al frente. Sinhue, Rogelio y yo nos mantenemos juntos esa primera parte, empezamos al ritmo deseado pasando los 40k en 4horas, alcanzamos a Ruben, y Sinhue se adelanta, yo me mantengo atrás de ellos, obligándome a no perdernos, Ruben vuelve a la punta y nos quedamos Sinhue y yo.

El calor desde la mañana demandaba mantener la cabeza fuerte, nos acercamos a la milla 40, y viene el temido “hells tunel” un pasillo que tiene una vegetación espesa de ambos lados, y hace un efecto sauna con el calor pegando en la cabeza, salimos de ahí, no con la mejor cara, pero la actitud sin duda, sobraba. A esta altura ya no veíamos a Ruben, y Roger iba una milla atrás.

De repente ratos de soledad donde Sinhue y yo nos separábamos un poco, a veces él adelante, a veces yo, pero creo que eso nos ayudó sin haberlo planeado a mantener mejor el paso. Llegamos al “7 mile bridge” un puente de 7 millas donde no cuentas con abastecimientos, y que después de 53 millas (aprox 80k) a mucha gente le parece interminable, a nosotros no, “a nosotros nunca” y es que Sinhue y yo volvimos a juntarnos en ese punto, y el tiempo pasó volando, hablando de historias, viajes, museos, cantando canciones, empujando el paso.

Una de las cosas que recomiendo siempre es que si llegas a coincidir en pasó con alguien durante una carrera, que no sea alguien negativo, que se la pase quejándose durante la ruta ya que podría mermar tu carrera. Nosotros (Sinhue y yo) siempre hemos hecho un buen equipo, ah dejémonos la humildad del lado… vaya, el mejor 🤷🏻‍♀️😸; podría parecer por nuestra conversación que estamos tomando café en lugar de correr un Ultra, así que el dolor lo tomamos con ironía, y tenemos clara la filosofía de Chaplin “un día sin sonreír, es un día perdido”. Nos damos fuerza mutuamente, así como debe hacer un verdadero amigo, en la vida.

Terminando el puente alcanzamos a Ruben en la estación, rellenamos botellas y seguimos los tres adelante, preparando el equipo obligatorio de noche: chaleco, lámparas, cambio de tenis (en mi caso empece la carrera con Altra Torin 100k, y cambie al modelo Paradigma para los 60k restantes). Cruzamos los 100k en 12.30 horas aproximadamente, y atenta al reloj seguimos empujando.

Siempre he admirado mucho a ellos dos, su determinación, fuerza, y velocidad, así que estar entre dos grandes era para mí algo que requería mucho valor para no minimizarme, y espíritu para creer que yo también podía mantenerme ahí a su lado, porque me quedaba claro que nadie iba esperando a nadie.

Bajo la temperatura un poco después del atardecer así que el cuerpo se sintió mejor, y empezamos a apretar el paso, llegamos al km 120 con tiempo perfecto, teníamos 7 horas para sacar 40k, así que el plan no pudo ser mejor.

Rubén se recupera y yo empiezo a empujar con el. De pronto una parada al baño y adiós a la magia, infección en vías urinarias, cosa que en la vida había sufrido, me hizo parar “n” veces durante el recorrido y aún con medicina era muy difícil correr sin tener la necesidad de parar cada dos segundos y sentir un dolor como si te desgarraran la parte baja del vientre. No sé si por la misma razón pero ya no entraba nada en el estomago así que desde ahí a la meta pude sobrevivir solo con agua, y cuando sentía mareo tomaba un poco de coca y listo.

Para mí las sensaciones de náusea, los calambres, desmayos, la pájara y esas cosas no son nuevas, son cosas que sabes que pueden pasar y te recuperas, esto para mí si fue inesperado, y todo un aprendizaje.

Esos últimos han sido, sin duda, los kilómetros más eternos de mi vida, todo lo que había corrido, toda la estrategia que hasta ese momento era perfecta, se venía cayendo. Y aunque tenía claro que no era nada que yo hubiera esperado, o que pudiera controlar, si te cuesta trabajo asimilarlo. “Camina rápido” era todo lo que mi mente pensaba, me moría por correr, sentía las piernas bien, y aunque me considero terca y de mente fuerte, era inevitable en mi desesperación de repente parar y recargarme en algo para respirar, y no volverme loca. Y es que soportar el dolor de 100 millas es para mí más real, que soportar la frustración interna. “Carecer de autocrítica te convierte automáticamente en tonto” así que procuro ser lo más centrada posible.

“Inhala” un mantra tras otro, un pie delate de otro hasta la meta. Analizando mi esfuerzo, y haciendo intentos hasta donde fuera posible de lograr lo que quería, ya para los últimos 20k no había forma de correr sin parar en dos segundos al baño, así que decidí dejar de tomar líquidos para evitar esa sensación, sobre todo el dolor que era insoportable, así que a caminar lo más rápido que pudiera.

Un amigo me pregunto, -porque no renunciaste? No era cualquier cosa- . En realidad, no lo sé, eso nunca pasó por si quiera por mi cabeza. Yo no me paro en la salida pensando “ojalá pueda terminar”, yo
vine a empujar, a conocer mis límites y desafiarlos de alguna manera. Yo vine a abrir puertas a que los que confían en mí, que vean que es posible, y animarlos a intentar.

Mucha gente me dijo que era improbable hacer ese tiempo en Keys, ahora se que no, que en realidad todo es posibe, así que dentro de toda mi histeria muchas puertas a grandes metas se abrieron, y puedo asegurar que son realistas.

En fin, cruce la meta en 24 horas y cacho, aún no tengo el tiempo final. 2do lugar de categoría. Muscularmente bien, y con el alma ensanchada, con nuevo aprendizaje y muchas ganas de concluir pronto la razón por la que vine aquí, ya sabrán algo de eso después.

Rubén termino un par de minutos antes, y Sinhue unos cuantos después, Rogelio tuvo problemas con su rodilla, así que tuvo que detenerse 35 kilómetros antes de la meta.

Mi conclusión:

“Hay cosas que tienes que hacer con ganas, con un terrible miedo y a pesar de lo que sea. Porque sabes que la recompensa es grande y que no puedes permitirte no intentar”

Agradezco infinitamente a la mamá de Sinhue, y Fer, que fueron el Crew del equipo en esta ocasión, por todos sus cuidados y atenciones, por estar de día y de noche al pendiente de cada uno de nosotros.

Por ahora los dejo, este relato lo escribí en 20 min en una fila en Disney, a dos de subir a los Go-karts, así que a partir de ahora, no me importa absolutamente nada. 😼🏎

Nos seguimos leyendo!



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